La Organización Mundial de la Salud reveló que hay evidencia que relaciona el riesgo de padecer enfermedades mentales con indicadores de pobreza, que incluyen bajos niveles educativos, malas condiciones habitacionales y bajos ingresos.

De acuerdo con un estudio de la Universidad de Chicago, liderado por Catherine DeCarlo, la pobreza involucra un conglomerado de acontecimientos estresantes de todo tipo, como tensiones económicas, conflictos familiares, cambios de lugar de residencia, menores oportunidades educativas y mayor riesgo de exposición a situaciones violentas y traumáticas.

Todo esto hace que las personas sometidas a estas circunstancias tengan una continua exposición al estrés, que se relaciona con una mayor incidencia de depresión, ansiedad, adicciones y trastornos.

Según el estudio, preocupa que los problemas de salud mental generados en la pobreza, signifiquen una perpetuación de la misma.

Para la Organización Mundial de la Salud, el desempleo y el trabajo sin condiciones dignas “son un disparador de ansiedad, depresión, adicciones, el deterioro de las relaciones familiares y el suicidio.

Se ha demostrado que la primera fuente de ayuda y soporte de las personas, particularmente de los niños y adolescentes, son sus familias. Esto confiere a los hogares el papel de promotores de la salud mental; sin embargo, se ha demostrado que también es una fuente generadora de trastornos mentales, cuando hay abandono, violencia intrafamiliar y desintegración.

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